Elementos diferenciales entre drama y narrativa dentro de los géneros pragmáticos.
Drama y narrativa si bien poseen ámbitos comunes en la creación de sus respectivos mundos, como son acontecimiento, personaje y espacio, también poseen aspectos diferenciales que se desprenden de estos mismos ámbitos comunes, ya que si bien les son esenciales para la construcción de cada uno de aquellos géneros, no se presentan en ambos de la misma manera, siendo, principalmente, las diferencias, más marcadas respecto al ámbito de acontecimiento y espacio, como veremos. En relación al ámbito de los acontecimientos se producen las primeras diferencias en tormo al cómo se muestran las acciones en cada unos de estos géneros. Podemos decir que en el ámbito de los acontecimientos tenemos la historia y relato, y por otro lado, fábula e intriga (narrativa y drama respectivamente), pero en el drama se agrega un tercer nivel que es el principio estructurante de la obra, es una suerte de esqueleto o estructura profunda denominada acción dramática[1]. En relación al como se muestran dichas acciones, en la narrativa, los acontecimientos como mundo constituido por unos personajes es el discurso que un narrador produce para un narratario, el mundo o universo de acciones lo trasmite una voz en términos de Genette: hay una narración de por medio en donde el mundo es lo que se cuenta y el lector está en posición de oyente; en cambio en el drama, cada diálogo de los personajes se constituye en acción, en donde el mundo no es sostenido por una voz –distinta a la de los personajes– que enuncia. Villegas relaciona esto con la función predominantemente apelativa del lenguaje dramático, en donde este carácter apelativo se realiza en el diálogo de los personajes, los cuales en su discurso –directo y siempre en presente lo que habla de coetaneidad y simultaneidad– reflejan esencialmente una acción pragmática y no meramente informativa (pp. 22-23). Vaisman alude a esto al referirse al modo dramático el cual, sin embargo, no tiene que ver con su calidad de directo sino con que lo reproducido son discursos “en que locutores y alocutores intercambian sus roles configurando la estructura del diálogo”[2]. Esto es el discurso dialógico, y su calidad de dramático es la finalidad de influir sobre el alocutor por parte del locutor; sin embargo, el discurso dramático debe ser además de dialógico integral (Vaisman, op., pp. 7-8). Esta función es predominantemente diferenciadora del drama en relación a la narrativa, en donde en esta última, a causa de la voz que sostiene el discurso, hay predominancia de narración por sobre este discurso dialógico integral.
Este es uno de los primeros factores que diferencian a drama y narrativa, sin embargo, la acción dramática en tanto configuradora del mundo como principio estructurante, refleja un espacio agonístico de colisiones y conflictos que se caracteriza, además, por tener principio, medio y fin. El problema radica, en términos de Vaisman, en la insuficiencia a la hora de establecer las relaciones entre este segundo factor (acción dramática) y el primero (lenguaje apelativo, diálogo, en Villegas; discurso dialógico integral en Vaisman); ya que Villegas “hace recaer la responsabilidad de lo dramático enteramente sobre la acción representada”[3], pero para Vaisman lo propio del drama es que construye lo dramático del mundo a partir de un discurso dramático; en otras palabras, los actos de interacción lingüística sostienen la intriga y condicionan la disposición de la historia en ella. En esto se basa la diferencia sustancial entre drama y narrativa ya que en el drama (literario) ocurre lo que la interacción lingüística hace ocurrir mediante los actos de enunciación de los personajes y no lo que el enunciado del relato dice que ocurre o ha ocurrido. De lo que se desprende como consideración obvia que el drama es un presente continuo mientras que en la narrativa pueden confluir tiempos diversos. Sin embargo, en el drama, nos encontramos con otro tipo de lenguaje o discurso: el acotacional, lo que hace que en Villegas el drama pierda su estatus diferencial respecto a la narrativa ya que éste denomina al acotador como “hablante dramático básico” otorgándole rasgos semejantes al de un narrador básico de conocimiento limitado[4], lo que en términos de Vaisman sería hacer del drama un tipo especial de narrativa. No toda interacción de agonistas es lingüística (no así en la narrativa) ya que hay signos icónicos de códigos no lingüísticos que deben hacerse perceptibles en sus significados y significantes y el lenguaje acotacional sustituirá a éstos por signos lingüísticos para la integral comprensión de la interacción dramática, lo que no puede hacer al drama una clase especial de narrativa ya que este discurso acotacional se caracteriza por una economía en el lenguaje (“entra”, “sale”) propia del lenguaje técnico, restándole funcionalidad en la lectura literaria, no así en la narrativa construida para la lectura. Acá será la representación escénica la finalidad, ya que su versión textual no es autosuficiente, rebasando lo puramente literario en aras de desplegar en acto todos sus elementos en la representación teatral, lo que nos entrega también sus diferencias en lo concerniente al espacio: en el drama como experiencia teatral hay diferencia entre el aquí del espectador y el allá de la obra. Esto es totalmente distinto a la narrativa donde en términos estrictos el espacio sucede en la mente del lector.
[1] Villegas, Juan. La interpretación de la obra dramática (pp. 22): “La obra dramática posee una determinada estructura que potencia la existencia de lo dramático, el cual aspira a provocar cierta clase de efecto en el ‘oyente’”
[2] Vaisman, Luis. La obra dramática... (pp.6)
[3] Vaisman. op., pp. 9, nota 26.
[4] Villegas. op., pp. 24.
Este es uno de los primeros factores que diferencian a drama y narrativa, sin embargo, la acción dramática en tanto configuradora del mundo como principio estructurante, refleja un espacio agonístico de colisiones y conflictos que se caracteriza, además, por tener principio, medio y fin. El problema radica, en términos de Vaisman, en la insuficiencia a la hora de establecer las relaciones entre este segundo factor (acción dramática) y el primero (lenguaje apelativo, diálogo, en Villegas; discurso dialógico integral en Vaisman); ya que Villegas “hace recaer la responsabilidad de lo dramático enteramente sobre la acción representada”[3], pero para Vaisman lo propio del drama es que construye lo dramático del mundo a partir de un discurso dramático; en otras palabras, los actos de interacción lingüística sostienen la intriga y condicionan la disposición de la historia en ella. En esto se basa la diferencia sustancial entre drama y narrativa ya que en el drama (literario) ocurre lo que la interacción lingüística hace ocurrir mediante los actos de enunciación de los personajes y no lo que el enunciado del relato dice que ocurre o ha ocurrido. De lo que se desprende como consideración obvia que el drama es un presente continuo mientras que en la narrativa pueden confluir tiempos diversos. Sin embargo, en el drama, nos encontramos con otro tipo de lenguaje o discurso: el acotacional, lo que hace que en Villegas el drama pierda su estatus diferencial respecto a la narrativa ya que éste denomina al acotador como “hablante dramático básico” otorgándole rasgos semejantes al de un narrador básico de conocimiento limitado[4], lo que en términos de Vaisman sería hacer del drama un tipo especial de narrativa. No toda interacción de agonistas es lingüística (no así en la narrativa) ya que hay signos icónicos de códigos no lingüísticos que deben hacerse perceptibles en sus significados y significantes y el lenguaje acotacional sustituirá a éstos por signos lingüísticos para la integral comprensión de la interacción dramática, lo que no puede hacer al drama una clase especial de narrativa ya que este discurso acotacional se caracteriza por una economía en el lenguaje (“entra”, “sale”) propia del lenguaje técnico, restándole funcionalidad en la lectura literaria, no así en la narrativa construida para la lectura. Acá será la representación escénica la finalidad, ya que su versión textual no es autosuficiente, rebasando lo puramente literario en aras de desplegar en acto todos sus elementos en la representación teatral, lo que nos entrega también sus diferencias en lo concerniente al espacio: en el drama como experiencia teatral hay diferencia entre el aquí del espectador y el allá de la obra. Esto es totalmente distinto a la narrativa donde en términos estrictos el espacio sucede en la mente del lector.
[1] Villegas, Juan. La interpretación de la obra dramática (pp. 22): “La obra dramática posee una determinada estructura que potencia la existencia de lo dramático, el cual aspira a provocar cierta clase de efecto en el ‘oyente’”
[2] Vaisman, Luis. La obra dramática... (pp.6)
[3] Vaisman. op., pp. 9, nota 26.
[4] Villegas. op., pp. 24.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada