El Libro del Buen Amor:Alicia C. Ferraresi: La ambigüedad del “Buen Amor”[1]
El libro del Buen Amor de Juan Ruiz es el máximo exponente de la poesía castellana del siglo XIV, con una gran variedad en distintos planos: contenido, forma métrica, tono, –como nos dice Dayermond en la introducción a ese capítulo– en donde la estructura es esencialmente autobiográfica ya que coinciden narrador y comentador con el protagonista.[2], aunque sabemos que esto es ficticio. La parodia como técnica de estilo será muy significativa ya que nos introducirá de lleno en el tema que nos compete, ya que a raíz de ésta surge la pregunta de cómo saber hasta donde llega la seriedad de sus frecuentes exhortaciones morales; ya que el mismo Buen Amor, que es el tema de este ensayo y título del libro, parece tener significados diversos dependiendo del lugar del texto. Es decir, nos introducimos de lleno a la ambigüedad semántica del “Buen Amor”.
Ferraresi inicia su ensayo haciendo una breve reseña de la naturaleza semántica que el término buen amor conlleva y cuáles han sido sus variaciones dependiendo de la época. “Buen amor” en su acepción más temprana, utilizada en la lírica provenzal, se insertaba dentro de la tradición del amor cortés, y era utilizada como sinónimo de fin amor. Sin embargo, esta acepción fue variando, y hacia la segunda mitad del siglo XIII, al entrar en crisis el sistema de valores cortesanos, la equivalencia entre fin amor y buen amor no se mantiene, desestabilizándose así la pertinencia semántica que hasta ahora tenía, demostrándose también cuánto ha cambiado el sistema de valores amatorios desde los antiguos trovadores provenzales del siglo XII hasta, por ejemplo, Matfre Ermengaud en su Breviari d’amor donde el bona amor, lo que sí queda claro ha de excluir la lujuria. Se produce, por tanto, un desarrollo que va desde lo noble y virtuoso (el beso como gracia ennoblecedora), hasta lo pecaminoso y libertino, ya hacia fines del siglo XIII.
En el caso de la obra del Arcipreste se manifiesta una ambigüedad en el término, que Ferraresi citando a O. H Green explicita diciendo que si bien éste utiliza tópicos del amor cortés aludiendo a aquellos aspectos ennoblecedores del amor, a su vez, parece condenarlo.[3] Con todo esto se puede manifestar claramente que el poeta toca muchos aspectos ya conocidos de aquel fin amor trovadoresco mencionado anteriormente, sin embargo, quiere, a su vez, sacar a la superficie otro escorzo de este amor, y más que un simple aspecto es la verdadera naturaleza del quehacer amoroso y será, pues, el vínculo indisoluble entre engaño y amor: engañar es enamorar: “Con engaños, lisonjas y sutiles mentiras, / emponzoñas las lenguas, emponzoñas tus viras, /”[4]. Por todo esto Ferraresi nos dice: “no es éste amor que ennoblece, haciendo bueno y virtuoso al que antes no lo había sido; es el suyo poder engañador: hace parecer lo que no es”. Parece entonces ser que la esencia de este amor es la mentira: “El Amor siempre fabla mentiroso”. Al introducirnos, por tanto, el Arcipreste tópicos del amor cortés, lo hace para desenmascararlo y dejarnos al trasluz su verdadera naturaleza que se nutre de engaños y que en realidad “ lo que semeja no es”. A partir de estos datos Ferraresi plantea la ambigüedad de Buen Amor siguiendo ese mismo doble aspecto que se da al nivel del discurso del Arcipreste, es decir, que semeja lo que no es; por tanto la autora nos dice que al caracterizar el poeta este “amor” como esencialmente arraigado en la falsedad y en el placer como su finalidad última, todo esto hace que este “buen amor” resulte no serlo sino que se convierte en “mal amor”, produciéndose así la dualidad y ambigüedad del término. A todo esto se suma quien es maestra en mentiras y quien hace del engaño amoroso su profesión; surgiendo así la imagen de la alcahueta –personificada en Trotaconventos– como el personaje que posibilita este buen amor que no lo es y, además, lo hace por dinero, encarnando en sí la seducción y el engaño amoroso, características todas ya atribuidas a este peculiar “amor”, por lo que Ferraresi nos dice: “al encarnar en “buen amor” en Trotaconventos se descubre el propósito del poeta en revelación punzante: el buen amor es loco amor”. Sin embargo, esta ambigüedad del término irá más lejos, ya que si bien se refiere a este loco amor en el sentido de un devaluado amor cortés, también está, indudablemente, el otro sentido como bien lo explicita el Arcipreste en su prólogo, aludiendo al amor mutuo entre hombre y Dios. [5] Retomando las ideas esbozadas en la nota anterior, Ferraresi menciona que no por esto –contraponer el amor de Dio al loco amor– se debe ver en el Arcipreste como propósito único el desenmascarar la vanidad del loco amor ya que el poeta, en este caso, es un genio superlativamente cómico y burlón que nos dará, como el mismo lo señala “algunas burlas aquí a enxerir”, previniendo que no nos pase como al doctor de Grecia (En Aquí habla de cómo todo hombre entre sus cuidados se debe alegrar, y de la disputación que los griegos y los romanos tuvieron) en donde se engaña al no advertir la ambigüedad del lenguaje humano ya que “mal palabra no ha si no es mal tenida;/ verás que es bien dicha si es bien tenida”.
El Arcipreste, por tanto, la frustración amorosa del protagonista, si bien podría dar objeto a una tragedia se hace cómico espectáculo y objeto de infrenable burla por su parte; y no sólo esto es objeto de burla sino, incluso, el intento mismo de salvarlos –a los locos amantes– por medios didácticos o doctrinales como nos hace ver aquel pasaje citado por Ferraresi.[6] Con todo esto, al finalizar, se nos dice que el Arcipreste parodia, incluso, el topos de las “buenas intenciones” tan propio de la literatura didáctica, en donde la supuesta conversión religiosa es del mas bajo materialismo como lo hace notar el texto citado en la nota cinco, por lo cual es justo que declare tanto al principio como al final, que su libro “de juego e de burla es chico breviario”, y por tanto, si entendemos la burla, la parodia, como un “‘mundo al revés’(...) en el que cada uno de los valores jerárquicos tradicionales se desacraliza, se encarnece y se derrumba”, y por tanto es el “alejamiento del modelo y su volteo crítico”, en donde “la parodia comporta siempre una trascodificación”[7] (transformación del sentido producida por cambio de código); a raíz de este elemento (y como lo esbocé al principio) se podría entender un poco más acertadamente esa naturaleza ambigua que comporta, en la obra, el término del “Buen Amor”.
[1] Rico, Francisco. Historia y crítica de la literatura española Tomo I. Barcelona: Editorial Crítica, 1979
[2] Spitzer, en su artículo “Yo, Juan Ruiz”: personalidad e impersonalidad en el arte del Arcipreste de Hita nos dice que el yo de las confesiones personales que arrancan de Rousseau y Goethe, nada tienen que ver con el yo de un poeta medieval que se presenta a sí mismo como representante de todos los seres humanos, dando cuenta de una experiencia colectiva.
[3] Juan Ruiz. Libro del Buen Amor Santiago: Ercilla, 1984. (me tomé la libertad de cambiar algunos ejemplos que apuntan al mismo sentido para abreviar algunos que Ferraresi menciona): “Si Amor eres, no puedes aquí estar;/ eres cínico y falso en muchos engañar;/ salvar no puedes uno, puedes cien mil matar” (en Cómo el Amor vino al Arcipreste y la pelea que con él tuvo); por otro lado menciona: “Mucha nobleza ha en el que a dueñas sirve”.
[4] En Cómo el Amor vino al Arcipreste y la pelea que con él tuvo dicho Arcipreste.
[5] (...) “desea el hombre el buen amor de Dios y sus mandamientos(...) Y también desecha y aborrece el alma el pecado del amor loco de este mundo (...) Y compuse este nuevo libro en que están escritas algunas maneras y maestrías y sutilezas engañosas del loco amor del mundo.” A mi parecer este es uno de los sentidos claves que tiene el “verdadero” buen amor para el Arcipreste, sin embargo, y como mencionará Ferraresi, la ambigüedad semántica del término se da por la parodia que el Arcipreste hace incluso de aspectos tan serios como este; recordemos que también en el primer ejemplo manifiesta en un comienzo que: “pues mucha tristeza muchos pecados son”, y más abajo: “Y, pues con cosas cuerdas no puede hombre reír, /algunas que otras burlas tendré aquí que injerir”. ( En Aquí habla de cómo todo hombre entre sus cuidados se debe alegrar, y de la disputación que los griegos y los romanos tuvieron)Así destaca el valor intrínseco que la parodia presenta en su obra.
[6] “Buena propiedad ha, doquiera que se lea, / que si lo oyere alguno que tenga mujer fea, o si mujer lo oyere que su omne vil sea/ fazer a Dios servicio en punto lo desea”
[7] Forradellas, Joaquín. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1989.
El libro del Buen Amor de Juan Ruiz es el máximo exponente de la poesía castellana del siglo XIV, con una gran variedad en distintos planos: contenido, forma métrica, tono, –como nos dice Dayermond en la introducción a ese capítulo– en donde la estructura es esencialmente autobiográfica ya que coinciden narrador y comentador con el protagonista.[2], aunque sabemos que esto es ficticio. La parodia como técnica de estilo será muy significativa ya que nos introducirá de lleno en el tema que nos compete, ya que a raíz de ésta surge la pregunta de cómo saber hasta donde llega la seriedad de sus frecuentes exhortaciones morales; ya que el mismo Buen Amor, que es el tema de este ensayo y título del libro, parece tener significados diversos dependiendo del lugar del texto. Es decir, nos introducimos de lleno a la ambigüedad semántica del “Buen Amor”.
Ferraresi inicia su ensayo haciendo una breve reseña de la naturaleza semántica que el término buen amor conlleva y cuáles han sido sus variaciones dependiendo de la época. “Buen amor” en su acepción más temprana, utilizada en la lírica provenzal, se insertaba dentro de la tradición del amor cortés, y era utilizada como sinónimo de fin amor. Sin embargo, esta acepción fue variando, y hacia la segunda mitad del siglo XIII, al entrar en crisis el sistema de valores cortesanos, la equivalencia entre fin amor y buen amor no se mantiene, desestabilizándose así la pertinencia semántica que hasta ahora tenía, demostrándose también cuánto ha cambiado el sistema de valores amatorios desde los antiguos trovadores provenzales del siglo XII hasta, por ejemplo, Matfre Ermengaud en su Breviari d’amor donde el bona amor, lo que sí queda claro ha de excluir la lujuria. Se produce, por tanto, un desarrollo que va desde lo noble y virtuoso (el beso como gracia ennoblecedora), hasta lo pecaminoso y libertino, ya hacia fines del siglo XIII.
En el caso de la obra del Arcipreste se manifiesta una ambigüedad en el término, que Ferraresi citando a O. H Green explicita diciendo que si bien éste utiliza tópicos del amor cortés aludiendo a aquellos aspectos ennoblecedores del amor, a su vez, parece condenarlo.[3] Con todo esto se puede manifestar claramente que el poeta toca muchos aspectos ya conocidos de aquel fin amor trovadoresco mencionado anteriormente, sin embargo, quiere, a su vez, sacar a la superficie otro escorzo de este amor, y más que un simple aspecto es la verdadera naturaleza del quehacer amoroso y será, pues, el vínculo indisoluble entre engaño y amor: engañar es enamorar: “Con engaños, lisonjas y sutiles mentiras, / emponzoñas las lenguas, emponzoñas tus viras, /”[4]. Por todo esto Ferraresi nos dice: “no es éste amor que ennoblece, haciendo bueno y virtuoso al que antes no lo había sido; es el suyo poder engañador: hace parecer lo que no es”. Parece entonces ser que la esencia de este amor es la mentira: “El Amor siempre fabla mentiroso”. Al introducirnos, por tanto, el Arcipreste tópicos del amor cortés, lo hace para desenmascararlo y dejarnos al trasluz su verdadera naturaleza que se nutre de engaños y que en realidad “ lo que semeja no es”. A partir de estos datos Ferraresi plantea la ambigüedad de Buen Amor siguiendo ese mismo doble aspecto que se da al nivel del discurso del Arcipreste, es decir, que semeja lo que no es; por tanto la autora nos dice que al caracterizar el poeta este “amor” como esencialmente arraigado en la falsedad y en el placer como su finalidad última, todo esto hace que este “buen amor” resulte no serlo sino que se convierte en “mal amor”, produciéndose así la dualidad y ambigüedad del término. A todo esto se suma quien es maestra en mentiras y quien hace del engaño amoroso su profesión; surgiendo así la imagen de la alcahueta –personificada en Trotaconventos– como el personaje que posibilita este buen amor que no lo es y, además, lo hace por dinero, encarnando en sí la seducción y el engaño amoroso, características todas ya atribuidas a este peculiar “amor”, por lo que Ferraresi nos dice: “al encarnar en “buen amor” en Trotaconventos se descubre el propósito del poeta en revelación punzante: el buen amor es loco amor”. Sin embargo, esta ambigüedad del término irá más lejos, ya que si bien se refiere a este loco amor en el sentido de un devaluado amor cortés, también está, indudablemente, el otro sentido como bien lo explicita el Arcipreste en su prólogo, aludiendo al amor mutuo entre hombre y Dios. [5] Retomando las ideas esbozadas en la nota anterior, Ferraresi menciona que no por esto –contraponer el amor de Dio al loco amor– se debe ver en el Arcipreste como propósito único el desenmascarar la vanidad del loco amor ya que el poeta, en este caso, es un genio superlativamente cómico y burlón que nos dará, como el mismo lo señala “algunas burlas aquí a enxerir”, previniendo que no nos pase como al doctor de Grecia (En Aquí habla de cómo todo hombre entre sus cuidados se debe alegrar, y de la disputación que los griegos y los romanos tuvieron) en donde se engaña al no advertir la ambigüedad del lenguaje humano ya que “mal palabra no ha si no es mal tenida;/ verás que es bien dicha si es bien tenida”.
El Arcipreste, por tanto, la frustración amorosa del protagonista, si bien podría dar objeto a una tragedia se hace cómico espectáculo y objeto de infrenable burla por su parte; y no sólo esto es objeto de burla sino, incluso, el intento mismo de salvarlos –a los locos amantes– por medios didácticos o doctrinales como nos hace ver aquel pasaje citado por Ferraresi.[6] Con todo esto, al finalizar, se nos dice que el Arcipreste parodia, incluso, el topos de las “buenas intenciones” tan propio de la literatura didáctica, en donde la supuesta conversión religiosa es del mas bajo materialismo como lo hace notar el texto citado en la nota cinco, por lo cual es justo que declare tanto al principio como al final, que su libro “de juego e de burla es chico breviario”, y por tanto, si entendemos la burla, la parodia, como un “‘mundo al revés’(...) en el que cada uno de los valores jerárquicos tradicionales se desacraliza, se encarnece y se derrumba”, y por tanto es el “alejamiento del modelo y su volteo crítico”, en donde “la parodia comporta siempre una trascodificación”[7] (transformación del sentido producida por cambio de código); a raíz de este elemento (y como lo esbocé al principio) se podría entender un poco más acertadamente esa naturaleza ambigua que comporta, en la obra, el término del “Buen Amor”.
[1] Rico, Francisco. Historia y crítica de la literatura española Tomo I. Barcelona: Editorial Crítica, 1979
[2] Spitzer, en su artículo “Yo, Juan Ruiz”: personalidad e impersonalidad en el arte del Arcipreste de Hita nos dice que el yo de las confesiones personales que arrancan de Rousseau y Goethe, nada tienen que ver con el yo de un poeta medieval que se presenta a sí mismo como representante de todos los seres humanos, dando cuenta de una experiencia colectiva.
[3] Juan Ruiz. Libro del Buen Amor Santiago: Ercilla, 1984. (me tomé la libertad de cambiar algunos ejemplos que apuntan al mismo sentido para abreviar algunos que Ferraresi menciona): “Si Amor eres, no puedes aquí estar;/ eres cínico y falso en muchos engañar;/ salvar no puedes uno, puedes cien mil matar” (en Cómo el Amor vino al Arcipreste y la pelea que con él tuvo); por otro lado menciona: “Mucha nobleza ha en el que a dueñas sirve”.
[4] En Cómo el Amor vino al Arcipreste y la pelea que con él tuvo dicho Arcipreste.
[5] (...) “desea el hombre el buen amor de Dios y sus mandamientos(...) Y también desecha y aborrece el alma el pecado del amor loco de este mundo (...) Y compuse este nuevo libro en que están escritas algunas maneras y maestrías y sutilezas engañosas del loco amor del mundo.” A mi parecer este es uno de los sentidos claves que tiene el “verdadero” buen amor para el Arcipreste, sin embargo, y como mencionará Ferraresi, la ambigüedad semántica del término se da por la parodia que el Arcipreste hace incluso de aspectos tan serios como este; recordemos que también en el primer ejemplo manifiesta en un comienzo que: “pues mucha tristeza muchos pecados son”, y más abajo: “Y, pues con cosas cuerdas no puede hombre reír, /algunas que otras burlas tendré aquí que injerir”. ( En Aquí habla de cómo todo hombre entre sus cuidados se debe alegrar, y de la disputación que los griegos y los romanos tuvieron)Así destaca el valor intrínseco que la parodia presenta en su obra.
[6] “Buena propiedad ha, doquiera que se lea, / que si lo oyere alguno que tenga mujer fea, o si mujer lo oyere que su omne vil sea/ fazer a Dios servicio en punto lo desea”
[7] Forradellas, Joaquín. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1989.

4 comentarios:
Esto estubo notable, ahora bien, me gustaría saber tu (Carolina Canave) opinion sobre los "otros" amores (filia, eros, agape y storge)sobre todo despues de leer:
verdadera naturaleza del quehacer amoroso y será, pues, el vínculo indisoluble entre engaño y amor: engañar es enamorar: “Con engaños, lisonjas y sutiles mentiras, / emponzoñas las lenguas, emponzoñas tus viras”
comentario pesimista (no menos cierto en algunos casos) en fin... el vinculo "engaño-amor" funciona como verdad en muchos pero prefiero que se diga en los otros casos que no es engaño sino la calidad inerente del ser humano de ser contradictorio (como me dice un amigo siempre "lo único seguro que tenemos al momento de nacer es la contradiccion y la muerte).
lo digo en terminos de la contradiccion sobre todo luego de ver que es en su forma más básica el "engaño" y lo significan como un delito a la propiedad y más bien etimologicamente sería del latín in “hacia” + gañiré “ladrar, gruñir” (sacado de aquí: http://www.uaq.mx/psicologia/lamision/f3verdad.html)
en fin en fin en fin....si me alargo pelo cable asi qe te dejo por ahora
bueno, este fue un buen post de tu parte...
la/s palabra/s es/son tan compleja/s que bueno...
gracias y nos vemos...
Muy buen blog, le felicito. Tal vez le interese el Libro virtual Seductiva Mente. La seducción es un juego de la mente. Así que juega con tu mente... y con la de los demás.
Puedes bajarlo en
http://perso.wanadoo.es/ddragon/seductivamente.zip
Link interesante sobre seducción en
http://www.personal.able.es/cm.perez/estsexo.htm
y lista de correo en
http://es.groups.yahoo.com/group/elartedelaseduccion/
Un saludo
Misael: respecto a tu también notable recriminación, sutil por lo demás, puedo argumentar que si bien en este caso el "amor" es susceptible de interpretación polisémica, de ahí lo de la "ambiguedad", en otros casos como bien mencionas, el amor no tiene su contracara de perfidia... en realidad eso de que la verdadera naturaleza del quehacer amoroso se basa en el vínculo engaño-amor, no es mi opinión personal respecto al tema del amor, aunque en muchos casos, para lástima de algunos sí se da de esta manera, y claro, ahí entra de lleno esa dualidad contradictoria inherente al ser humano a la cual te refieres. Sería interesante tratar los casos particulares y conceptos de la mitología que me mencionas, averiguaré más en profundidad.
Saludos y gracias por tu observación
Carlos: gracias por tu mensaje, y claro que me interesa el libro que me sugieres, lo revisaré y quizá salga algún comentario interesante de mi parte que pueda publicar más adelante.
muchos saludos
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