Néstor Perlongher, Látex[1]: Lenguaje como orgía1- En el brilloso látex envainada
2.- la turgencia plegando espejos riza
3.- los vellos que descuellan
4.- para no derramar el ronroneo
5.- de la sal-pica-dura.
6.- Sal pica dura!
7.- Porque rasgando el aflojado limo
8.- ásperas púrpuras iluminas, ciegas
9.- emanaciones sulfurosas azu-
10.- lan el banlon calloso de la interioridad,
11.- si al trueque de los flujos
12.- irriga, viento de hades, el sinuoso
13.- pachuli de embestida cenagosa, mucílagos
14.- toman la sordidez de los murciélagos, índigas
15.- supuraciones corren el foco de la foto
16.- tijereteando la película
17.- con la canilla del descarne,
18.- el chorro de ceniza rancia, raso
19.- sobre la losa, rosa pálido.
En este poema de Perlongher, como primer punto y en términos generales, puedo decir que la forma que se manifiesta, dadas por algunas figuras específicas que predominan en la dimensión de la expresión en tanto sustrato fónico y significante, contribuyen a acentuar una propuesta de sentido. Un ejemplo de ello son las aliteraciones a lo largo del poema casi sin descanso de las que destacaré las más relevantes: versos 2,3,4,8,15,18,19, en donde en 4 se acentúa efectivamente un “ronronear” dado por la aliteración del fonema /r/, mientras que en 15 y 19 sólo el fonema /c/-/t/ y /l/-/r/ hacen las distinción de significado. Además, dado el encabalgamiento “raso sobre la losa” y después “rosa” la virtualidad sonora de /r/ se proyecta más allá de sólo un verso produciéndose un juego “barroco” en donde la aliteración si bien se da al interior de un verso, está jugando y remitiéndonos anafóricamente con otros términos al interior del poema: murciélago-mucílago, raso-losa-rosa, (y antes “riza”, verso 2), y por último, brilloso-vellos- descuellan-calloso-canilla. Hay un juego constante de desplazamientos e interacciones en el sustrato fónico, en la materialidad del lenguaje, que hace que la poesía de Perlongher sea, en cierta medida, una poética del significante y de la superficie. Sin embargo, este “barroquismo” (neobarroco, neobarroso) de las formas profusamente adornadas, casi rococó, en los sonidos, se da de la misma manera, a nivel de conceptos. Otra de las figuras recurrentes en este poema es la hipérbaton, ya que el poeta constantemente separa elementos que consisten en un sintagma único, intercalándole otros que darán una estructura irregular a la frase, arriesgándome a decir que todo Látex es un gran hipérbaton. En los primeros versos podríamos, ayudando a la sintaxis, decir: “la turgencia envainada en el brilloso látex”, o en los versos 7 y 8: “Porque rasgando el limo aflojado/ iluminas púrpuras ásperas...” o versos 11 y 12: “si irriga (...)[2] el sinuoso pachuli de embestida cenagosa al trueque de los flujos”. Bueno, todo el poema se construye de esta manera, basta leerlo, sin embargo, no es sólo un recurso de estilo sin más, sino que pone el acento en la inversión y transposición constante. Otro elemento de suma importancia son los reiterados encabalgamientos en el poema suprimiéndose casi las pausas al final de cada verso, lo que da una sensación rítmica bastante interesante y adecuada para trasfondo de sentido. Sólo los versos 3,4,10,15,17 carecen de encabalgamiento, lo que hacen posible pausas para proseguir con la recitación casi continua, llegando incluso a un clímax de encabalgamientos seguidos con los versos 11,12,13,14.
Esta materialidad del poema, como mencioné, está de alguna manera al servicio del sentido, ya que si empezamos por el título mismo Látex nos remite a aquél líquido lechosos que se extrae de cierto árbol, es una parte del todo árbol, hay sinécdoque, sin embargo eso no es lo más importante sino lo que metonímicamente “látex” connota: preservativo, el condón que se elabora de dicha materia prima, es su producto, y precisamente su misión operativa es “envainar” la “turgencia” (metonimia: el efecto por la causa) o también “pica-dura”, “falo-duro” que es metafóricamente un arma blanca envainada en aquel recubrimiento plástico que se inmiscuye en la intimidad de las pasiones, siendo de esta manera Látex un poema básicamente fonético como mencioné, pero además visual: vemos un cuerpo aunque no se mencione de manera directa sino por sinécdoques, aludiendo a las partes: látex (preservativo), turgencia (pene), vellos rizados que sobresalen, lo que nos hacer imaginar una escena descarnadamente hardcore, presidida ante todo por la imagen del falo como un arma blanca que rasga, embiste y acomete hacia, supura, hiere, mata, contradiciéndose con la connotación simbólica de éste como potencia generadora de todo lo vivo (Chevalier) . Por otro lado, hay un continuo de asociaciones a lo largo del poema que nos dan la sensación de algo que quiere fluir, derramarse, irrigar, salpicar, hay un “un trueque de flujos” que nos hace evocar el dinamismo y la trasformación, pero que paradójicamente es “viento de hades”: hay una canilla (grifo) del que no brota más que ceniza rancia. El poema mismo, con sus encabalgamientos sucesivos, contribuyen a hacer patente un ritmo sexual, casi de respiración entrecortada por el esfuerzo continuo de cuatro encabalgamientos seguidos como un clímax en donde “embestida cenagosa” juega un rol capital, ya que el ciénago, de la misma manera que el flujo, se nos presenta con “limo” y “sordidez”. El lodo, el barro es producto de la combinación de los elementos tierra y agua, el primero, nos dice Chevalier, es el elemento receptivo y matriarcal, es materia primordial, es fecundidad; el segundo, dinamismo y transformación. Pero acá termina predominando lo “barroso” como pérdida de pureza, es involución, es feca y heces. Todo esto contribuye a acentuar la connotación sexual del poema que nos habla de un continuo semántico que parte de la esencia material de las cosas alojado en la savia vegetal (látex, mucílago) como licor seminal, germen de vida que desde un punto de vista psicoanalítico se correspondería con la pulsión o instinto vital de Freud que, sin embargo, tiene su dicotomía complementaria, la pulsión de muerte: Eros/Thanatos. Así, a lo largo del poema identificamos esa carga eminentemente erótica pero ensombrecida –o complementada– con una carga de sadismo por presentarnos en una primera instancia, el falo como un arma blanca, seguido de terminos como rasgar, embestir, supurar, descarnar, etc., y todo eso enmarcado en una imagen fija de fotografía a lo Bataille, en donde se mezcla placer-dolor, erotismo-tortura, siendo la eyaculación, como éste postula en Las lágrimas de Eros, metáfora de la muerte en donde después del orgasmo brota un “chorro de ceniza rancia” que es muerte luego de la combustión y el poema de Perlongher un poema iconográfico que presenta en la identidad de los opuestos, la esencia humana en una imagen descarnada, ya que el lenguaje no está constreñido a áreas semánticas pre-establecidas: es un rizoma que huye.
[1] Perlongher, Néstor. Hule. Ediciones Último reino, Bs. Aires, 1989.
[2] En el paréntesis: –viento de hades– funciona como una frase explicativa dentro del enunciado que altera la fluidez de la sintaxis..
2.- la turgencia plegando espejos riza
3.- los vellos que descuellan
4.- para no derramar el ronroneo
5.- de la sal-pica-dura.
6.- Sal pica dura!
7.- Porque rasgando el aflojado limo
8.- ásperas púrpuras iluminas, ciegas
9.- emanaciones sulfurosas azu-
10.- lan el banlon calloso de la interioridad,
11.- si al trueque de los flujos
12.- irriga, viento de hades, el sinuoso
13.- pachuli de embestida cenagosa, mucílagos
14.- toman la sordidez de los murciélagos, índigas
15.- supuraciones corren el foco de la foto
16.- tijereteando la película
17.- con la canilla del descarne,
18.- el chorro de ceniza rancia, raso
19.- sobre la losa, rosa pálido.
En este poema de Perlongher, como primer punto y en términos generales, puedo decir que la forma que se manifiesta, dadas por algunas figuras específicas que predominan en la dimensión de la expresión en tanto sustrato fónico y significante, contribuyen a acentuar una propuesta de sentido. Un ejemplo de ello son las aliteraciones a lo largo del poema casi sin descanso de las que destacaré las más relevantes: versos 2,3,4,8,15,18,19, en donde en 4 se acentúa efectivamente un “ronronear” dado por la aliteración del fonema /r/, mientras que en 15 y 19 sólo el fonema /c/-/t/ y /l/-/r/ hacen las distinción de significado. Además, dado el encabalgamiento “raso sobre la losa” y después “rosa” la virtualidad sonora de /r/ se proyecta más allá de sólo un verso produciéndose un juego “barroco” en donde la aliteración si bien se da al interior de un verso, está jugando y remitiéndonos anafóricamente con otros términos al interior del poema: murciélago-mucílago, raso-losa-rosa, (y antes “riza”, verso 2), y por último, brilloso-vellos- descuellan-calloso-canilla. Hay un juego constante de desplazamientos e interacciones en el sustrato fónico, en la materialidad del lenguaje, que hace que la poesía de Perlongher sea, en cierta medida, una poética del significante y de la superficie. Sin embargo, este “barroquismo” (neobarroco, neobarroso) de las formas profusamente adornadas, casi rococó, en los sonidos, se da de la misma manera, a nivel de conceptos. Otra de las figuras recurrentes en este poema es la hipérbaton, ya que el poeta constantemente separa elementos que consisten en un sintagma único, intercalándole otros que darán una estructura irregular a la frase, arriesgándome a decir que todo Látex es un gran hipérbaton. En los primeros versos podríamos, ayudando a la sintaxis, decir: “la turgencia envainada en el brilloso látex”, o en los versos 7 y 8: “Porque rasgando el limo aflojado/ iluminas púrpuras ásperas...” o versos 11 y 12: “si irriga (...)[2] el sinuoso pachuli de embestida cenagosa al trueque de los flujos”. Bueno, todo el poema se construye de esta manera, basta leerlo, sin embargo, no es sólo un recurso de estilo sin más, sino que pone el acento en la inversión y transposición constante. Otro elemento de suma importancia son los reiterados encabalgamientos en el poema suprimiéndose casi las pausas al final de cada verso, lo que da una sensación rítmica bastante interesante y adecuada para trasfondo de sentido. Sólo los versos 3,4,10,15,17 carecen de encabalgamiento, lo que hacen posible pausas para proseguir con la recitación casi continua, llegando incluso a un clímax de encabalgamientos seguidos con los versos 11,12,13,14.
Esta materialidad del poema, como mencioné, está de alguna manera al servicio del sentido, ya que si empezamos por el título mismo Látex nos remite a aquél líquido lechosos que se extrae de cierto árbol, es una parte del todo árbol, hay sinécdoque, sin embargo eso no es lo más importante sino lo que metonímicamente “látex” connota: preservativo, el condón que se elabora de dicha materia prima, es su producto, y precisamente su misión operativa es “envainar” la “turgencia” (metonimia: el efecto por la causa) o también “pica-dura”, “falo-duro” que es metafóricamente un arma blanca envainada en aquel recubrimiento plástico que se inmiscuye en la intimidad de las pasiones, siendo de esta manera Látex un poema básicamente fonético como mencioné, pero además visual: vemos un cuerpo aunque no se mencione de manera directa sino por sinécdoques, aludiendo a las partes: látex (preservativo), turgencia (pene), vellos rizados que sobresalen, lo que nos hacer imaginar una escena descarnadamente hardcore, presidida ante todo por la imagen del falo como un arma blanca que rasga, embiste y acomete hacia, supura, hiere, mata, contradiciéndose con la connotación simbólica de éste como potencia generadora de todo lo vivo (Chevalier) . Por otro lado, hay un continuo de asociaciones a lo largo del poema que nos dan la sensación de algo que quiere fluir, derramarse, irrigar, salpicar, hay un “un trueque de flujos” que nos hace evocar el dinamismo y la trasformación, pero que paradójicamente es “viento de hades”: hay una canilla (grifo) del que no brota más que ceniza rancia. El poema mismo, con sus encabalgamientos sucesivos, contribuyen a hacer patente un ritmo sexual, casi de respiración entrecortada por el esfuerzo continuo de cuatro encabalgamientos seguidos como un clímax en donde “embestida cenagosa” juega un rol capital, ya que el ciénago, de la misma manera que el flujo, se nos presenta con “limo” y “sordidez”. El lodo, el barro es producto de la combinación de los elementos tierra y agua, el primero, nos dice Chevalier, es el elemento receptivo y matriarcal, es materia primordial, es fecundidad; el segundo, dinamismo y transformación. Pero acá termina predominando lo “barroso” como pérdida de pureza, es involución, es feca y heces. Todo esto contribuye a acentuar la connotación sexual del poema que nos habla de un continuo semántico que parte de la esencia material de las cosas alojado en la savia vegetal (látex, mucílago) como licor seminal, germen de vida que desde un punto de vista psicoanalítico se correspondería con la pulsión o instinto vital de Freud que, sin embargo, tiene su dicotomía complementaria, la pulsión de muerte: Eros/Thanatos. Así, a lo largo del poema identificamos esa carga eminentemente erótica pero ensombrecida –o complementada– con una carga de sadismo por presentarnos en una primera instancia, el falo como un arma blanca, seguido de terminos como rasgar, embestir, supurar, descarnar, etc., y todo eso enmarcado en una imagen fija de fotografía a lo Bataille, en donde se mezcla placer-dolor, erotismo-tortura, siendo la eyaculación, como éste postula en Las lágrimas de Eros, metáfora de la muerte en donde después del orgasmo brota un “chorro de ceniza rancia” que es muerte luego de la combustión y el poema de Perlongher un poema iconográfico que presenta en la identidad de los opuestos, la esencia humana en una imagen descarnada, ya que el lenguaje no está constreñido a áreas semánticas pre-establecidas: es un rizoma que huye.
[1] Perlongher, Néstor. Hule. Ediciones Último reino, Bs. Aires, 1989.
[2] En el paréntesis: –viento de hades– funciona como una frase explicativa dentro del enunciado que altera la fluidez de la sintaxis..
