15 junio, 2007



El primer nueva corónica y buen gobierno por Felipe Guamán Poma de Ayala
El texto de Guamán Poma de Ayala, a simple vista, si sólo nos dejamos guiar por su nombre, podríamos decir que en términos generales, pertenece al tipo de discurso historiográfico en cuanto lo titula como corónica (más adelante veremos que no es sólo eso). Sin embargo, como Gracilazo –e incluso como otros cronistas, por ejemplo, Bernal Díaz- hay un móvil de escritura que tiene que ver con la insatisfacción respecto de la historiografía oficial española. Así, “las palabras comentarios, reales [en Garcilaso], verdadera [en Bernal Díaz], primer, nueva... son las pistas iniciales que nos advierten que estamos frente a un tipo de crónica particular, muy distante de las crónicas o relaciones oficiales escritas por encargo de las autoridades...”[1]. Por esto, estas crónicas serán más bien privadas y escritas por espíritus descontentos en un acto de libertad. Si bien, hay en algunos cronistas, como dice López-Baralt en el caso de Bernal Díaz y Guamán Poma, un ánimo de reclamar mercedes económicas que se supone les son debidas, hay por otro lado, en sus textos, una iniciativa de reescritura de la historia de la conquista, que en palabras de Lezama Lima tiene que ver con un arte de contraconquista, que en el caso de Guamán Poma, nos dice Baralt, es un "escribir contradiciendo”. Garcilaso con sus Comentarios en tanto que “comentos” de la historiografía anterior también se pone en este plano de escritura pero de una manera más sutil y delicada, ya que no ataca de frente ni de inmediato a la tradición, no lo hace de manera explícita, sino más bien oculta en sus Comentarios[2], echando mano a recursos y estrategias protectoras como la humildad o falsa modestia, pero que no es sólo eso, sino medio de acreditación del sujeto. Guamán Poma, por su parte, “gritó y vociferó en su Nueva Crónica, lanzó vituperios contra conquistadores y misioneros, representó los abusos de la conquista en dibujos de una violenta sexualidad” (al respecto ver: La sexualización de la retórica visual de la denuncia). En Guamán Poma, su “escribir contradiciendo” se dirige, incluso, a Garcilaso en ciertos aspectos de su visión del incanato. De esta manera, tanto Guamán Poma como Garcilaso, emprenden en sus textos la descripción cultural de su propio pueblo en donde el “Otro” (indio) participa de la redacción de su propia etnografía. Y más aún, en Guamán Poma “estamos frente a un autóctono que ensaya una etnografía del invasor...”[3] , convirtiéndolo en el “Otro” ya que gracias al simbolismo espacial andino y los bodegones de sus dibujos, podemos decir que este crea una tipología cultural binaria en que las concepciones escolásticas de vicios y virtudes se vuelven del revés, privilegiando éticamente al indio y perjudicando al español.
Ahora, en términos estrictamente formales, la carta-crónica de Guamán Poma, contiene 1189 páginas y 398 dibujos; y como mencionaba al principio, su discurso puede describirse en términos muy generales como discurso historiográfico, no obstante, con muchos reparos al privilegiar exclusivamente dicha tipología. De esta manera, su texto es más bien, genéricamente, un híbrido, ya que contiene en sí, tanto aspectos de la consejería real (remitámonos a su título como propuesta de “buen gobierno”), la emblemática política, el memorial de peticiones y remedios, la autobiografía y el sermón; sin contar, la diversidad de temas, incluyendo manifestaciones de poesía autóctona en lenguas nativas y traducciones, además de canciones, fiestas, danza, entre otros aspectos de la vida ritual y cotidiana. También es importante recordar los aspectos lingüísticos, la heteroglosia de la obra, y al respecto recordemos lo que dice en su Prólogo al lector cristiano, en relación a lo que éste encontrará en su texto: “... y relaciones de muchas lenguaxes ajuntando con la lengua de la castellana y quichiua ynga, aymara, poquita colla, canche, cana, charca, chinchaysuyo, andesuyo, collasuyo, condesuyo...”(pp. 7, selección) .
Con respecto a esta multiplicidad genérica, en la página dos de la selección, se nos muestra una intertextualidad bíblica que hace presente el discurso del sermón como recurso retórico al decir que su crónica es muy útil y provechosa para la enmienda ya que desde el comienzo utiliza un tono de sermón de la misma manera que Dios, dice, lo hace por medio de sus profetas en sus Escrituras, y más adelante, apelativamente, como desde un púlpito, se dirige al lector diciendo: “para que veáys, cristiano lector, de las maravillas y merced que Dios hizo para el bien de los hombres” (pp. 7). Además de esto, hay presencia del discurso autobiográfico al referirnos la historia de su medio hermano mestizo, y como él creció a la luz de sus enseñanzas. También nos refiere la historia y de su padre y cómo éste recibió en merced su apellido “Ayala” de Luis Ávalos de Ayala, además de crearse el mismo, una vasta genealogía y ascendencia dinástica por parte de su padre y madre, que López-Baralt nos dice, era más acentuadamente yarovilca que incaica.
Sumando a todo esto, Guamán Poma señala reiterativamente el término “exemplo” y “enmienda” como una de las finalidades de su obra: “exemplo y enmienda de los cristianos, ací de los sacerdotes y corregidores y comenderos y meneros y españoles caminantes, caciques principales y de indios particulares”; entendiéndose con esto “enmienda” de los aspectos erróneos de la mala utilización de la “santa fe católica”, con lo que se hace de manera más evidente, dicho sea de paso, aquella inversión de las concepciones de vicios y virtudes ya que los primeros en su lista, para enmienda de “herronías” son los mismos sacerdotes, corregidores, etc., es decir, personeros tanto de las instituciones religiosas como gubernamentales españolas, lo que nos habla claramente del tono subversivo y contestatario de su obra. Desde la perspectiva historiográfica Guamán Poma nos dice que se determinó a escribir la historia y descendencia y los famosos hechos de los primeros reyes y señores de su generación, a los cuales sitúa en una época anterior al incario, en la cuarta edad de aucaruna. Así, de manera cronológico-jerárquica, nos describe su historia a partir de una época mítica dorada desde el primer indio Uari Uira Cocha Runa, luego la llegada del primer inca Manco Capac, quien no tuvo ni pueblo ni tierra ni chacara, ni castas y dijo ser hijo del sol, y se casó con su con su madre Mama Uaco quien fue mundana y encantadora, la primera que comenzó a servir y tratar con los demonios, nos dice Guamán Poma, produciendo una fuerte crítica al incanato. Luego se refiere a los doce incas y sus “ydúlatras y herronía y de sus mujeres”, capitanes generales, duques, condes, etc.; además de la pugna entre el “inca legítimo” Topa Cuci Gualpa Uascar Ynga con su hermano bastardo Atagualpa Ynga, suceso contemporáneo a la llegada de los españoles, y por consiguiente, nos habla de la conquista y sus representantes, Pizarro, Almagro, etc. De esta manera, en síntesis, nos habla de la historia de los pueblos originarios hasta la conquista, deteniéndose en sus personeros y representantes. Para todo esto, enfatiza, se basó en las más verdaderas relaciones, tomando la sustancia de aquellas personas de las cuales trata, no obstante, el discurso ya no versa exclusivamente en “lo visto y lo vivido” sino que la tradición oral cobra un sentido sin precedentes, como en Garcilaso, para dar cuenta y dejar memoria perpetua de una historia que carece de escritura alguna, sólo guardada mediante quipus, memorias y relaciones de los indios antiguos, nos dice Guamán Poma en su Carta de autor, por lo que nos damos cuenta cómo hay una apropiación de los instrumentos de la cultura occidental, en tanto códigos de expresión, para verter un contenido en éstos que no les es propio. Debo además referirme a uno de los aspectos más evidentes y particulares que acentúa más aún aquel carácter híbrido de la obra de Guamán Poma: la mezcla del discurso textual con el iconográfico. Al respecto, López-Baralt nos dice: “Sin embargo, el paralelo más importante entre los dibujos de Guamán Poma y el arte colonial está en el empleo de la palabra dentro del espacio visual” (que a su vez, se enmarca en el contexto del empleo del espacio visual dentro de la palabra escrita) herencia de la pintura religiosa del medioevo. El mismo Guamán Poma nos dice que la incorporación de estos dibujos, hechos por su propia mano, facilitan el entendimiento -se dirige directamente a Felipe III- de una escritura de poca invención, ornamento y “estilo pulido”, que sí tienen los grandes ingenios. (falsa modestia como medio, al igual que en Garcilaso, para la acreditación del sujeto-autor; sin contar con el carnaval de de máscaras ficticias y reales que éste asume en su texto para el mismo fin). Así, los dibujos, tienen un claro poder de persuasión y también función política que tiene que ver con la creación de un lector alterno y colectivo que mediante los dibujos, y dado que en su mayoría son analfabetos y pobres, puedan entender su texto. Además de todo esto, aquellos dibujos simples a primera vista, figurativos a nivel de superficie, con gran frecuencia -como lo hace notar López Baralt- son simbólicas a nivel estructural, lo que hace que éstos a su vez posean dos lecturas distintas: una que sigue la narración pictórica “literalmente” podríamos decir, y otra más bien simbólica en donde hay una visión mítica del espacio que estructura los dibujos de Guamán Poma, proclamándose el carácter sagrado del espacio andino (cuatripartición del espacio imperial también presente en Garcilaso en donde el eje central era el Cuzco o “el ombligo del mundo) además de tener connotaciones éticas las distintas distribuciones en este espacio (ver análisis de Fig. 4, Frontispicio de la Nueva corónica y buen gobierno)
Para finalizar, recogeré las palabras de López-Baralt, en las que se refiere a que en intenso mestizaje lingüístico y discursivo en esta crónica, es una propuesta de la etnografía del mundo andino prehispánico, es “una narración de los abusos del régimen colonial, y a la vez un programa político para la buena administración del virreinato.

[1] López-Baralt. La traducción como etnografía en los Andes: El Inca Garcilaso. En: Para decir al otro. Ed. Iberoamericana. Vervuert, 2005 (pp. 131-132)
[2] Sin embargo, en las páginas finales de su Historia general del Perú, declararía la ilegitimidad de la conquista, a raíz de la decapitación de Tupac Amaru I.
[3] López-Baralt. Guamán Poma de Ayala: una insólita etnografía visual. En: Para decir al otro. Ed. Iberoamericana. Vervuert, 2005 (pp. 158)