
Peter E. Russell: La magia de Celestina [1]
Russell en este ensayo crítico, como primer elemento fundamental para desarrollar el tema de La magia de Celestina, parte de la base de que en el contexto de producción de obra, por regla general, se creía en la realidad de la magia, siendo sólo discutible un elemento derivado de esto que tenía que ver con si auténticamente quienes practicaban la magia poseían poderes sobrenaturales; o por el contrario, estos poderes provenían exclusivamente del demonio quien se burlaba de los magos haciéndoles creer que necesitaba de ellos para intervenir en las cosas humanas. Así, los lectores de la Tragicomedia creían tanto en la magia en hechos cotidianos como en sus manifestaciones literarias. Por todo esto, como mencioné a un comienzo, hay que reconocer, dice Russell, en la realidad histórica de la creencia popular en la magia ya que es muy alejado a la realidad española o europea de Cuatrocientos, suponer un escepticismo generalizado en el círculo intelectual de la época en lo que a magia se refiere. Y para poder acreditar esta creencia efectiva de la época cita un texto que versa sobre este asunto: el Malleus Maleficarum. Este texto data de 1484, en donde sus autores –dominicos inquisidores en Alemania– Jacobo Sprenger y Enrique Institor, aseguran que los efectos de la hechicería no son meras ilusiones ni productos de la imaginación, y quien así piense, se engaña. Más aun, los maleficiales effectus se producían en un trabajo en conjunto de demonio y brujo (a).
Con esta fuente, podría decir, Russell sustenta su hipótesis de trabajo que tiene como punto de partida, que ya mencioné, la aceptación generalizada en la vida cotidiana de la magia, ya que este rasgo de las artes de hechicería, como nos dice Dayermond en su introducción a este capítulo es “un rasgo en el que Rojas insiste, para desazón de los críticos modernos...”; y es en este rasgo en el cual Russell profundiza en su ensayo, rasgo que por lo demás, para estos mismos críticos, “no armoniza fácilmente con los móviles realistas de carácter psicológico que explican la seducción de Melibea”. Para Russell, en resumen, este será un aspecto de primera magnitud y Celestina, antes que nada (incluso que alcahueta), debe ser considerada una bruja con todas sus letras ya que esto es fundamental para entender a cabalidad la acción que a raíz de esto se desarrolla.
Volviendo a la fuente citada por Russell, en el Malleus se explicitaba además que los hechizos tenían gran eficacia en lo que atañe a cuestiones amorosas, ya que mediante estos medios mágicos se podía conseguir y provocar una violenta pasión como es que le sucede a Melibea. Este hechizo particular de “amor” es denominado como philocaptio y podemos decir que a partir de éste como función núcleo, se desencadena la posterior tragedia –e incluso me atrevería a decir que la tragedia se inscribe en el seno de la philocaptio– que afectará tanto a Melibea y de manera causal a sus padres, y por otro lado también a Calisto. Es a raíz de todo esto que se genera una relación y un vínculo estrecho entre la alcahuetería y la hechicería. La philocaptio elaborada por Celestina[2] consiste en una madeja de hilado que venderá como “anzuelo mágico” a Melibea, en donde en éste ha encerrado al demonio[3] gracias al aceite de serpiente que Celestina ha rociado previamente sobre aquel, habiendo ya obligado al demonio a aparecer gracias a un conjuro de nombres y signos mágicos escritos en un papel con sangre de murciélago y macho cabrío, entre otros ingredientes. Fundamental aquí, y en las artes vedadas, son las asociaciones de ideas [correspondencias simbólicas en tanto que asociaciones mágicas] en donde todo parece calzar de manera evidente: demonio–serpiente (enroscada)–hilado (enrollado); en donde además, Melibea al ser victima del philocaptio dice sentir sensaciones como de mordeduras de serpientes[4].
Luego de preparar la philocaptio Celestina se dirige a la casa de Melibea (acto III) y súbitamente Celestina es presa de una aparente crisis de ansiedad, en donde, a mi parecer, se manifiesta explícitamente la impronta ejemplificadora, que después de todo subyace bajo los acontecimientos; ya que si bien es sólo por un instante, Celestina se torna insegura y teme quedar descubierta y castigada conforme a las leyes vigentes contra quienes practican la hechicería, ya que a modo de aleccionamiento, se puede decir que nadie puede confiar de manera absoluta en el demonio. A pesar de esto recupera su confianza, el demonio parece estar efectivamente ahí, con ella, manifestándose mediante una serie de influencias sobrenaturales, tanto sobre Celestina, que la hacen sentirse dotada de un rejuvenecimiento físico que la libera de sus achaques propios de la edad y que le hace, por lo tanto, aproximarse más expeditamente a la casa de Melibea; como también dichas influencias sobrenaturales afectan en forma de amnesia a Alisa quien trata a Celestina con caridad y la deja entrar en casa y aproximarse a su hija olvidando por completo, pese a las advertencias de Lucrecia, que la empicotaron por hechicera; sin contar que se marcha dejando a su hija sola con la alcahueta, por recibir noticias de la repentina enfermedad de su hermana. Todos estos sucesos son interpretados, como dice Celestina, a la acción del demonio conjurado por ella. Sin embargo, se manifiesta en una de las partes mas tensas del libro la extraordinaria fuerza moral de Melibea al increpar a Celestina, en un momento, y acusarla de alcahueta falsa y hechicera. Esta resistencia “moral” puede entenderse como un acto inconsciente de Melibea, como su última resistencia antes de caer en las redes maléficas de la philocaptio y a la presencia demoníaca que dentro del hilado yace. Pero dicha resistencia no dura demasiado ya que finalmente Melibea es vencida y el demonio cumple con el acuerdo pactado sin que nadie sospeche, ni Melibea misma, en qué consiste y cómo se produjo aquel repentino cambio psicológico sufrido que se debe ni más ni menos –y Rojas se empeña en que lo recordemos– a un origen indiscutiblemente sobrenatural, en donde el poder demoníaco, basado en el principio activo del aceite serpentario se ha trasferido al cuerpo de Melibea, por lo tanto, ésta al calificar este repentino amor como su “terrible pasión” la describe como si su corazón estuviera siendo devorado por serpientes. (ver nota 3).
[1] Rico, Francisco. Historia y crítica de la literatura española Tomo I. Barcelona: Editorial Crítica, 1979
[2]Fernando de Rojas: Acto III La Celestina. Barcelona: Editorial Sopena, 1975.
[3] Acto III: “por la áspera ponzoña de las víboras, de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado: vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad (...) que, cuanto más lo mirare [Melibea], tanto más su corazón se ablande(...) y se le (lo) abras [dirigiéndose al diablo] y lastimes de crudo y fuerte amor a Calisto.” Esto, además, hace suponer a Russell que Rojas aceptaba la doctrina antigua de que todo era obra del demonio al ser éste, presente en el hilado, quien es responsable de todo; sin embargo, desde mi perspectiva, y parece ser muy lógico, sin la disposición de Celestina a fabricar el hechizo, no se hubiera producido la philocaptio.
[4] “que me comen este corazón serpientes dentro de mi cuerpo”.
Russell en este ensayo crítico, como primer elemento fundamental para desarrollar el tema de La magia de Celestina, parte de la base de que en el contexto de producción de obra, por regla general, se creía en la realidad de la magia, siendo sólo discutible un elemento derivado de esto que tenía que ver con si auténticamente quienes practicaban la magia poseían poderes sobrenaturales; o por el contrario, estos poderes provenían exclusivamente del demonio quien se burlaba de los magos haciéndoles creer que necesitaba de ellos para intervenir en las cosas humanas. Así, los lectores de la Tragicomedia creían tanto en la magia en hechos cotidianos como en sus manifestaciones literarias. Por todo esto, como mencioné a un comienzo, hay que reconocer, dice Russell, en la realidad histórica de la creencia popular en la magia ya que es muy alejado a la realidad española o europea de Cuatrocientos, suponer un escepticismo generalizado en el círculo intelectual de la época en lo que a magia se refiere. Y para poder acreditar esta creencia efectiva de la época cita un texto que versa sobre este asunto: el Malleus Maleficarum. Este texto data de 1484, en donde sus autores –dominicos inquisidores en Alemania– Jacobo Sprenger y Enrique Institor, aseguran que los efectos de la hechicería no son meras ilusiones ni productos de la imaginación, y quien así piense, se engaña. Más aun, los maleficiales effectus se producían en un trabajo en conjunto de demonio y brujo (a).
Con esta fuente, podría decir, Russell sustenta su hipótesis de trabajo que tiene como punto de partida, que ya mencioné, la aceptación generalizada en la vida cotidiana de la magia, ya que este rasgo de las artes de hechicería, como nos dice Dayermond en su introducción a este capítulo es “un rasgo en el que Rojas insiste, para desazón de los críticos modernos...”; y es en este rasgo en el cual Russell profundiza en su ensayo, rasgo que por lo demás, para estos mismos críticos, “no armoniza fácilmente con los móviles realistas de carácter psicológico que explican la seducción de Melibea”. Para Russell, en resumen, este será un aspecto de primera magnitud y Celestina, antes que nada (incluso que alcahueta), debe ser considerada una bruja con todas sus letras ya que esto es fundamental para entender a cabalidad la acción que a raíz de esto se desarrolla.
Volviendo a la fuente citada por Russell, en el Malleus se explicitaba además que los hechizos tenían gran eficacia en lo que atañe a cuestiones amorosas, ya que mediante estos medios mágicos se podía conseguir y provocar una violenta pasión como es que le sucede a Melibea. Este hechizo particular de “amor” es denominado como philocaptio y podemos decir que a partir de éste como función núcleo, se desencadena la posterior tragedia –e incluso me atrevería a decir que la tragedia se inscribe en el seno de la philocaptio– que afectará tanto a Melibea y de manera causal a sus padres, y por otro lado también a Calisto. Es a raíz de todo esto que se genera una relación y un vínculo estrecho entre la alcahuetería y la hechicería. La philocaptio elaborada por Celestina[2] consiste en una madeja de hilado que venderá como “anzuelo mágico” a Melibea, en donde en éste ha encerrado al demonio[3] gracias al aceite de serpiente que Celestina ha rociado previamente sobre aquel, habiendo ya obligado al demonio a aparecer gracias a un conjuro de nombres y signos mágicos escritos en un papel con sangre de murciélago y macho cabrío, entre otros ingredientes. Fundamental aquí, y en las artes vedadas, son las asociaciones de ideas [correspondencias simbólicas en tanto que asociaciones mágicas] en donde todo parece calzar de manera evidente: demonio–serpiente (enroscada)–hilado (enrollado); en donde además, Melibea al ser victima del philocaptio dice sentir sensaciones como de mordeduras de serpientes[4].
Luego de preparar la philocaptio Celestina se dirige a la casa de Melibea (acto III) y súbitamente Celestina es presa de una aparente crisis de ansiedad, en donde, a mi parecer, se manifiesta explícitamente la impronta ejemplificadora, que después de todo subyace bajo los acontecimientos; ya que si bien es sólo por un instante, Celestina se torna insegura y teme quedar descubierta y castigada conforme a las leyes vigentes contra quienes practican la hechicería, ya que a modo de aleccionamiento, se puede decir que nadie puede confiar de manera absoluta en el demonio. A pesar de esto recupera su confianza, el demonio parece estar efectivamente ahí, con ella, manifestándose mediante una serie de influencias sobrenaturales, tanto sobre Celestina, que la hacen sentirse dotada de un rejuvenecimiento físico que la libera de sus achaques propios de la edad y que le hace, por lo tanto, aproximarse más expeditamente a la casa de Melibea; como también dichas influencias sobrenaturales afectan en forma de amnesia a Alisa quien trata a Celestina con caridad y la deja entrar en casa y aproximarse a su hija olvidando por completo, pese a las advertencias de Lucrecia, que la empicotaron por hechicera; sin contar que se marcha dejando a su hija sola con la alcahueta, por recibir noticias de la repentina enfermedad de su hermana. Todos estos sucesos son interpretados, como dice Celestina, a la acción del demonio conjurado por ella. Sin embargo, se manifiesta en una de las partes mas tensas del libro la extraordinaria fuerza moral de Melibea al increpar a Celestina, en un momento, y acusarla de alcahueta falsa y hechicera. Esta resistencia “moral” puede entenderse como un acto inconsciente de Melibea, como su última resistencia antes de caer en las redes maléficas de la philocaptio y a la presencia demoníaca que dentro del hilado yace. Pero dicha resistencia no dura demasiado ya que finalmente Melibea es vencida y el demonio cumple con el acuerdo pactado sin que nadie sospeche, ni Melibea misma, en qué consiste y cómo se produjo aquel repentino cambio psicológico sufrido que se debe ni más ni menos –y Rojas se empeña en que lo recordemos– a un origen indiscutiblemente sobrenatural, en donde el poder demoníaco, basado en el principio activo del aceite serpentario se ha trasferido al cuerpo de Melibea, por lo tanto, ésta al calificar este repentino amor como su “terrible pasión” la describe como si su corazón estuviera siendo devorado por serpientes. (ver nota 3).
[1] Rico, Francisco. Historia y crítica de la literatura española Tomo I. Barcelona: Editorial Crítica, 1979
[2]Fernando de Rojas: Acto III La Celestina. Barcelona: Editorial Sopena, 1975.
[3] Acto III: “por la áspera ponzoña de las víboras, de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado: vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad (...) que, cuanto más lo mirare [Melibea], tanto más su corazón se ablande(...) y se le (lo) abras [dirigiéndose al diablo] y lastimes de crudo y fuerte amor a Calisto.” Esto, además, hace suponer a Russell que Rojas aceptaba la doctrina antigua de que todo era obra del demonio al ser éste, presente en el hilado, quien es responsable de todo; sin embargo, desde mi perspectiva, y parece ser muy lógico, sin la disposición de Celestina a fabricar el hechizo, no se hubiera producido la philocaptio.
[4] “que me comen este corazón serpientes dentro de mi cuerpo”.
