
Sin título
En un nudo de piel
las recalcitrantes horas se dilatan
y se condensan en vahos de deseo que nuestros poros
barrocos de estrafalarias caricias,
dejan evaporar como nubarrones de lo vedado.
Así ¿precipitará sobre mí la culpa y el castigo?
¿Te dejaré acaso una vez más entrar
en lo etílico de las penumbras
que bullen como destino aciago,
como manto fúnebre que se cierne sobre la cúpula?
Luego dirás adioses y gracias sobre mis mustias flores,
-Claro como el agua- responderé como un hierro aparente.
